Una de las claves fundamentales de la Cuarta Revolución Industrial pasa por hacer un uso eficiente de la energía. Atrás debe quedar el derroche de antaño. En términos generales y si nos vamos a la definición de la Asociación Española para la Calidad (AEC), la gestión energética "consiste en la optimización en el uso de la energía buscando un uso racional y eficiente, sin disminuir el nivel de prestaciones". La última parte de la frase es fundamental para entender de qué estamos hablando. Y es que el reto es consumir menos energía sin disminuir la calidad de nuestros productos, ni la seguridad de nuestros procesos, ni la productividad de nuestros recursos. La optimización de los recursos energéticos ya no es una opción, es una obligación.

La reducción del impacto en el cambio climático

El reducción de la emisión de gases de efecto invernadero o la gestión de residuos hace años que se postulan como los dos grandes candidatos a frenar el cambio climático. A pesar de los esfuerzos hechos por una parte de la comunidad internacional, aún se presentan muchos retos en este ámbito. Para ello, empresas, gobiernos e instituciones deben trabajar mano a mano, cada uno haciendo su trabajo.

En el campo de las pequeñas o las grandes empresas, se trata de ir migrando hacia una tecnología verde que nos permita ser más sostenibles, en nuestra planta y con el medio ambiente. La progresiva sustitución de las fuentes de energía tradicionales por fuentes de energía renovable es fundamental para conseguir nuestro objetivo.

El ahorro

La reducción del gasto energético siempre va a suponer un ahorro y una mejora en los beneficios. Es evidente. Sin embargo, hay que ir con cuidado: que la implementación de nuevas medidas de ahorro energético no  vayan, en ningún caso, en detrimento de la seguridad, la productividad y la calidad del producto final. De ahí que se le llame gestión energética y no reducción energética a secas. Una buena gestión de la energía es aquella en la que se consigue un beneficio económico sin alterar ninguno de los tres parámetros ya mencionados. Se trata de producir lo mismo gastando menos. Por este motivo es fundamental la instalación de sistemas inteligentes como las plataformas MES en nuestras plantas de operaciones. Estos nos permitirán implantar y llevar a la práctica las decisiones tomadas en materia de eficiencia energética.

Planificación y objetivos

Para desarrollar una política de reducción y gestión energética de facto, necesitaremos hacer un análisis del proceso, planificando las acciones a realizar, a la vez que establecer unos objetivos generales y secundarios. Y es que la implementación de una nueva política de gestión energética no se puede hacer de manera improvisada y con prisas. Hay que saber qué costes supondrá todo el proceso, los riesgos y los beneficios que queremos conseguir, entre otros aspectos. Para ello, deberemos revisar la eficacia de las políticas actuales, hacer un seguimiento exhaustivo de los procesos, tendremos que tener al día los informes y se tendrá que hacer toda una planificación estratégica para no dejar ningún cabo suelto. La improvisación, como casi siempre suele ocurrir, no suele ser una buena aliada.

Los sistemas MES están diseñados para mejorar la eficacia, la productividad, la rentabilidad y el rendimiento en nuestra plantas de operaciones.


Los sistemas MES

La instalación de un buen sistema MES (Manufacturing Execution System, en inglés) será tu mejor aliado para ir hacia la implantación de unas nuevas medidas de producción que te permitan ahorrar energía sin perder en productividad, calidad, o seguridad. Estos sistemas, diseñados para mejorar la eficacia, la productividad, la rentabilidad y el rendimiento en nuestra plantas de operaciones, te permitirán tener un control exhaustivo de todos los consumo de los servicios auxiliares que necesitan los procesos de producción de tu planta, lo que te servirá de punto de partida para empezar a optimizar el consumo energético de todos ellos.